Publicado el

2001: una odisea espacial

Arthur C. Clarke es un autor magnífico, un hombre que en 1948 escribió un cuento que lo motivó a crear la novela que inspiró una gran película. Una cadena de eventos de ciencia ficción.

2001-odisea-espacial-astronauta

por Tomás Rivera

Resumen

A finales del siglo XX, la humanidad posee una colonia estable en la Luna. Allí descubren un misterioso objeto, sepultado voluntariamente: un enorme monolito que, al ser expuesto a la luz solar, envía una señal en dirección a Saturno. Dos años después, la nave Discovery I, tripulada por cinco hombres y un avanzado ordenador llamado Hal9000, parte siguiendo dicha señal. Pero el exceso de celo de Hal9000 en su misión pone el viaje en peligro. El destino de Dave Bowman, uno de los tripulantes, terminará siendo mucho más trascendente de lo esperado.

Autor

Sir Arthur C. Clarke. Uno de los buques insignia de la Ciencia-Ficción, científico, divulgador, especialista en radares y responsable de la órbita geoestacionaria de los satélites artificiales, gracias a la cual tal vez estés leyendo esta entrada en tu teléfono móvil. Un asteroide y un dinosaurio llevan su nombre. En KindleGarten lo presentamos con su saga Rama.

Año de publicación: 1968

Género literario

Sin duda, a la Ciencia-Ficción dura, por girar toda la trama en torno a un descubrimiento científico de envergadura, y por el peso específico de las cuestiones científico-técnicas en el desarrollo de la obra. Es también una novela de Anticipación, por ubicarse en el futuro, y tiene carácter divulgativo, haciendo accesibles al gran público conceptos teóricos muy complejos.

2001, una Odisea espacial

monolito-2001-odisea-espacial-clarke-kubrick

Escrita por Sir Arthur C. Clarke , quien también realiza el screenplay de la versión cinematográfica de Stanley Kubrick. La película se estrenó poco antes de la publicación de la novela y hablaremos de ella después.

Ambas, novela y cinta, están basadas en un relato escrito por Clarke en 1948: “El centinela” (“The Sentinel“), que narra el descubrimiento en la Luna del objeto alienígena, y aventura su papel de mecanismo de alarma para sus creadores, una antigua y avanzada especie extraterrestre, de que la humanidad ha alcanzado el nivel de desarrollo suficiente para viajar a su satélite y descubrir el artefacto.

La trascendencia de “2001, una Odisea espacial” y su calado en la cultura contemporánea son de tal envergadura, que os haría perder el tiempo si me paro a explicarlas, así que vamos directamente a la reseña.

La novela

2001-odisea-espacial-portada-novela-arthur-c-clarkeSe divide en seis partes, con un total de 47 capítulos. Salvo muy contadas excepciones en la quinta parte, en la que Dave Bowman toma la palabra, está relatada en tercera persona por un narrador omnisciente, que tanto transmite los acontecimientos de la trama como hace pequeñas aportaciones de tono divulgativo, pero que logra integrar en la propia historia de modo que no cortan la misma, ni la vuelven árida, al contrario, ayudan a los profanos (como yo) a entenderla mejor y le dan un aire de “aprender divirtiéndose”.

Todo comienza hace tres millones de años, con una primera parte protagonizada por un grupo de homínidos (llamados en la traducción monos-humanoides) sin concretar, pero que por antigüedad y descripción pueden ser Australopithecus africanus. Vemos como se encuentran condenados a la extinción, porque no se han adaptado con éxito al medio: carecen de defensas naturales (garras, cuernos o grandes colmillos), su esperanza de vida es muy corta, pasan hambre de manera permanente, son vulnerables a los depredadores (un leopardo se ceba con ellos) y su única fuente de agua es una sucia charca estancada que comparten con los Otros, un grupo rival de su misma especie.

Un día, aparece en su entorno un misterioso monolito traslúcido, una losa plana que emite luces y muestra símbolos, transmitiendo ideas a la mente de estos homínidos. Uno de ellos, Moon-Watcher, toma una piedra y, empleándola como maza, mata a un cerdo. El monolito acaba de concederles la ventaja evolutiva que necesitaban: la inteligencia, el pensamiento abstracto. Mirar un objeto e imaginarle un uso. Fabricar y utilizar herramientas, utensilios, armas. Matan al leopardo y se sitúan en la cúspide de la pirámide alimenticia. Expulsan a los Otros de la charca. Matando animales y comiendo su carne tiene garantizado su sustento, y ya no estarán indefensos nunca más: la carrera del Hombre ha comenzado.

Saltamos al final del siglo XX, con el astrónomo Heywood Floyd viajando a en un vuelo comercial a una estación orbital (anticipando Clarke algo que hoy día es embrionario pero plausible, el turismo espacial) y de ahí a la Luna, donde la sección estadounidense de la colonia internacional ha encontrado, en el cráter Tycho (llamado así, por supuesto, en honor a Tycho Brahe) un monolito enterrado, al que llaman TMA-1; hallazgo que han ocultado a la opinión pública con el mayor secretismo, pues es la primera evidencia que la Humanidad tiene de la existencia de vida extraterrestre inteligente. Al desenterrarlo, y entrar éste en contacto con la luz solar, lanza una potente señal, que alerta a sus creadores de que el ser humano ha logrado el nivel de desarrollo necesario para salir al espacio y alcanzar la Luna. Es decir, que ha evolucionado hacia una forma de vida racional.

hal-9000-2001-odisea-espacial-clarke-kubrick-1Dos años más tarde vemos la misión enviada hacia Saturno, la nave Discovery I, con una tripulación compuesta por Dave Bowman (el actor principal), Frank Poole, otros tres miembros en estado de hibernación, y el ordenador (para los amigos de Iberoamérica, computadora) HAL9000, verdadero responsable del funcionamiento de la nave, pues la serie HAL es la culminación de la ciencia informática humana: un sistema perfecto, infalible, con capacidad no solo de computación, si no también lógica.

El punto clave de la trama de “2001, una Odisea espacial” radica en el hecho de que Bowman y Poole desconocen el verdadero objetivo de la misión, del que solo es depositario HAL9000. De manera que la contradicción a la que es sometido éste, entre la obligación de garantizar el éxito de la misión y el hecho de que los tripulantes conscientes desconozcan su verdadero cometido, le hará entrar en conflicto, concluyendo que los humanos son un obstáculo y un peligro para la expedición.

El final de la novela tiene un tono, redundancias aparte, marcadamente cósmico, con descripciones de fenómenos astronómicos a escala colosal, con Bownan a bordo de una pequeña sonda viajando a velocidades hiperlumínicas a través de alguna especie de agujero de gusano y trasciende de la mera Ciencia-Ficción dura para convertirse en una reflexión metafísica sobre toda la Historia de la Humanidad y su papel en el Cosmos.

Por tanto, Sir Arthur trata en su novela-película toma diferentes temas recurrentes en la Ciencia-Ficción (y en la literatura en general) como las implicaciones de la Inteligencia Artificial y el peligro inherente a que tomen consciencia de sí misma y se revele contra sus creadores (desde Frankestein hasta Terminator o Matrix), el origen y el destino del ser humano, o la existencia de vida inteligente extraterrestre. Incluso se permite una reflexión sobre las personas nacidas ya fuera de la Tierra, una nueva generación de seres humanos no terrestres, que contemplan ésta como un lugar ajeno, remoto, con el que no tienen relación. Una proyección de la era colonial, hombres que nacían lejos de sus raíces y que como los criollos americanos, pronto desearon volar solos, sin injerencias de una potencia colonial con la que no se sentían identificados.

Resulta de gran interés, al menos para mí, que Clarke emplee en todo momento un tono divulgativo, de acercamiento de todas estas cuestiones al lector, sin usar un exceso de tecnicismos y mencionando, de forma sucinta, opiniones y teorías de los expertos sobre, por ejemplo, si en caso de existir vida inteligente en otras estrellas, habría la posibilidad de contactar con ella, debido a las insalvables distancias que nos separan o si la Teoría de la Relatividad es irrefutable y se puede viajar a velocidades superiores a la de la luz.

También nos permite, a los aficionados a estos temas, disfrutar de detalles sobre cómo sería un viaje espacial tan ambicioso como el de la novela, con destino a Japeto, una de las muchas lunas de Saturno, usando la gravedad de Júpiter como “honda” para impulsar la nave, el uso de los motores, las correcciones de trayectoria… vamos, una delicia para aquellos que gusten de los aspectos más duros de la Ciencia-Ficción.

Comentar que el estilo narrativo de Sir Arthur es ameno, sencillo, efectivo, pero permitiéndose también momentos más líricos, como el que tal vez sea el más destacado, cuando Bowman entra en contacto con el destino final de la misión:

“—¡El objeto es hueco… y sigue, y sigue… y… oh, Dios mío… está lleno de estrellas!”

2001-odisea-espacial-escena-dave-bowman-casco-espacial

La perspectiva optimista del autor es otro acicate para la novela. Pensar que en el año 2001 estaríamos capacitados para enviar una nave a Saturno, cuando aún estamos hablando del 2020 como fecha para mandar una misión tripulada a Marte, tal vez ahora nos parezca ridículo, pero a mi juicio es importante “soñar”, tener ilusión por los logros, confiar en nuestro potencial como especie, y este tipo de obras colaboran a ello en gran medida. Pensemos que está escrita en 1968 y que el Apollo XI no llegaría a la Luna hasta el año siguiente.

La película

2001-odisea-espacial-afiche-pelicula-stanley-kubrickYa dijimos que película y novela se desarrollaron a la vez. “2001: A Space Odyssey”, en España “2001: una Odisea del espacio”, es, de pleno derecho, una obra maestra del cine y el trabajo más reconocido de su autor, el perfeccionista y maniático Stanley Kubrick. Detallista hasta el extremo, Kubrick era conocido por ejercer un control absoluto sobre todo el proceso creativo de sus películas. Se comenta que llegaba a visitar las salas de cine donde iban a ser emitidas, para probar las butacas.

Siempre se dice que “2001: una Odisea del espacio” es una película muy visual. Este pleonasmo quiere decir que posee largos pasajes donde predomina la imagen, y de hecho no se escucha la primera palabra hasta el minuto 25. Los primeros tres minutos (y los tres primeros tras el intermedio) son a pantalla negra, con música de fondo. El metraje total es de dos horas y media y es cierto que a los primeros pasajes sin palabras hay que sumarle otras escenas de diálogos lacónicos.

Dos factores hacen que la película se fije en la memoria colectiva: la imagen y la música. Los planos panorámicos del espacio, o de África en los pasajes iniciales, son impresionantes. Comentar que el formato original era Cinerama, no Cinemascope. Por otra parte, Kubrick se valió de dos piezas clásicas como acompañamiento: Para la secuencia inicial, “Así habló Zaratrustra”, el poema sinfónico de Richard Strauss, que desde entonces ha sido imitado, homenajeado y parodiado hasta la saciedad. El resultado es épico.

Para la secuencia en la que la lanzadera comercial de la Panam (que quebró en 1991, aquí no acertó Clarke 🙂 lleva a Floyd a la estación orbital, Kubrick sincronizó los movimientos de las naves con “El Danuvio azul” de Johan Strauss, de tal manera que éstas parecen bailar y moverse al son del vals.

El diseño de las naves es una delicia para los aficionados a la Ciencia-Ficción, mientras que los efectos fotográficos, obra del propio Kubrick, se ven hoy inocentes y arcaicos (se nota que son fotografías moviéndose sobre un fondo), en especial si vemos la copia restaurada en HD. Pero recordemos que era el año 1968, el CGI era una quimera y aún faltaban nueve años para “Star Wars”.

Además del carácter visual y de tener fama de película lenta y pesada, se la ha tratado también de incomprensible, ampulosa, grandilocuente, pretenciosa, manierista, pedante… debo decir que cuesta verla de un tirón, sobre todo si estás en casa y tienes a mano distracciones, pero aún así proporciona momentos de tensión angustiosos, destacando entre ellos las escenas en las que Poole o Bowman están dentro de su traje espacial y escuchamos sólo su respiración. La iluminación rojiza y los planos en la secuencia de la desactivación de HAL9000 le aportan el punto extra.

2001-odisea-espacial-portada-comic-jack-kirby
Adaptación al cómic realizada por Jack Kirby y editado por Marvel Comics

Por lo demás, mucho rigor, nada de sonidos en el espacio y especial atención a las escenas sin gravedad, jugando Kubrick con los planos y las perspectivas para descolocar al espectador, transmitiendo correctamente la realidad de la gravedad cero: nuestras referencias espaciales carecen de validez. Arriba y abajo no significan nada.

Mención aparte merece HAL9000, que se convierte en un personaje inquietante. Omnipresente en forma de múltiples “ojos” repartidos por toda la Discovery, nada escapa a su control. Frío, infalible, perfecto, se permite hasta ser condescendiente con los humanos, sujetos al error. Su voz de perfecto caballero inglés, siempre calmada y siempre contenida, incomoda más que tranquilizar, y es una referencia cultural contemporánea, símbolo de la criatura que se rebela contra su creador.

HAL es el acrónimo de Heuristically Programmed Algorithmic Computer y Clarke negó en repetidas ocasiones la leyenda urbana de que procede de las letras anteriores en el abecedario a las siglas IBM. En la película, todas las computadoras son del gigante de la informática, que por aquel entonces era un monopolio de facto.

HAL9000

hal-9000-2001-odisea-espacial-clarke-kubrick

Como es habitual, hay diferencias entre película y novela. Algunas pasan casi desapercibidas, como la antigüedad del monolito: tres millones de años en la novela, cuatro en el filme. Otras son más notorias, como el destino de la misión Discovery: Japeto, en Saturno, para el libro; Júpiter, para la cinta. El motivo del comportamiento de HAL9000 y su decisión es diferente. Mientras que en la versión fílmica no se aclara la razón, Clarke sí lo explica con detalle en la novela. También el monolito que otorga la inteligencia a nuestros antepasados en distinto en una y otra.

Para cerra, les cuento que un rumor muy popular dice que la banda Pink Floyd sincronizó su tema “Echoes”, del año 1971, con la última parte de la película, “Jupiter and beyond the Infinite”. Sin poder afirmar ni desmentir, en Youtube existen vídeos que intentan comprobarlo:

Con este datoÑoño terminamos, pero antes los invitamos a comentar y compartir la entrada con sus amigos amantes de la ciencia ficción.

adv-categoria-artista-pintura-rupestre-invasor-alienigena

banner-star-wars-clon-cine-compartir

Comments

comments

Comenta con tus amigos...